La herencia de la modernidad en la Venezuela del siglo XXI: Estados híbridos y fetichismo constitucional.

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El artículo que aquí les dejo lo presenté para su discusión en el Congreso Populismo vs. Republicanismo: Genealogía, Historia, Crítica, que se llevó a cabo en la Universidad Complutense de Madrid en noviembre de 2016. Tras algunas correcciones, meses después lo envié al editor encargado para que considerará su inclusión en un volumen dedicado a este tema que seguramente verá la luz en 2018. El ensayo en cuestión me resultó difícil de armar ya que escribir sobre Venezuela, para todo el mundo, ya sean académicos o no, venezolanos o no, resulta todo un desafío. Lo digo por cosas como la siguiente: ¿Cómo podemos explicar que en Venezuela hayamos tenido 13 constituciones en el siglo XX y en el siglo XXI no hayamos podido garantizar la protección de los derechos más elementales? ¿Cómo podemos superar nuestra petro-adicción, esa que hace que llenar el tanque de gasolina en Venezuela sea más barato que una botella de agua o que un par de huevos, y que al mismo tiempo, nos hace creer que somos ricos? ¿Qué pasó en el siglo XIX que aun seguimos idolatrando caudillos, caudillitos y a cualquier aprendiz de político que prometa cosas que otros ya han prometido?

Intenté responder a estas preguntas desde una perspectiva filosófica, esto es, haciendo filosofía desde lo local, desde las circunstancias mismas que determinan la lógica de las relaciones de poder en Venezuela, relaciones que cada día son más verticales, despiadadas y degradantes. Creo que, de algún modo, esto es parte de lo que en la universidad anglosajona llaman filosofía latinoamericana: un retrato creíble y coherente de nuestras penurias desde un lenguaje claramente traducible al de las categorías clásicas y modernas de un quehacer filosófico que consensuadamente llamamos universal. El único problema es que, por más que uno lo intente, lo que pasa en Venezuela siempre parecerá inverosímil, casi producto de la imaginación, por eso, creo que el mejor filósofo venezolano en la actualidad es Cruz-Diez: nos hace creer que vemos cosas que se mueven y cambian sin decirnos nada y sin hacer que nada se mueva. Así es Venezuela, creemos ver movimiento y cambio en la fuerza del líder carismático de turno, en las instituciones que supuestamente dinamiza y transforma y que al final no son capaces de cambiar en absoluto el país. Por eso creo que Venezuela se explica mejor desde el arte que desde otro lugar, especialmente, y durante los últimos cincuenta años, se explica mejor desde ese no-moverse en movimiento que Cruz-Diez sabe cómo mostrar.

Para quienes no lo conozcan, esta es su página oficial. http://www.cruz-diez.com/es/

Aquí les dejo el ensayo.

LA HERENCIA DE LA MODERNIDAD EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XXI

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